El transporte intermodal mueve la carga en contenedor por tren en el tramo largo y en camión en los extremos. Cuándo conviene, qué se gana y qué se pierde en tiempo, y qué cambia en el almacén que recibe la carga.
El transporte intermodal mueve la carga en un mismo contenedor por más de un medio: camión del origen a la terminal, tren en el tramo largo y otra vez camión de la terminal al almacén. La mercancía no se toca en los cambios; el contenedor pasa de una plataforma a otra y sigue su camino.
En México se usa sobre todo en los corredores que unen los puertos y la frontera con el centro y el Bajío. Para un 3PL que recibe importación o que despacha volumen constante a largas distancias, es una opción que conviene conocer aunque la contrate el cliente, porque cambia la forma en que llega la carga al andén.
Qué se gana con el transporte intermodal
El tren mueve mucha carga en un solo tramo largo, y en distancias largas eso suele traducirse en un costo por contenedor menor que el del camión completo. También baja la dependencia de operadores de tractocamión para las rutas largas, que en temporada alta escasean, y la carga pasa menos horas en carretera.
Para cargas pesadas y constantes, que no tienen prisa de días, la cuenta suele favorecer al tren. Para cargas urgentes o de volumen chico, casi nunca: los tramos en camión de los extremos, las maniobras en terminal y la espera se comen el ahorro.
El intermodal no es más lento ni más rápido que el camión: es menos flexible. Lo que se ahorra en el tramo largo se paga en la precisión de la llegada.
Lo que se pierde: tiempo y precisión
El tramo en tren tiene horarios de salida, tiempos en terminal y maniobras de transferencia. El tiempo total de puerta a puerta suele ser mayor que el de un camión directo y, sobre todo, menos predecible: el contenedor puede esperar en terminal a que haya espacio en el tren o a que llegue el camión que lo arrastra el último tramo.
Para el almacén, eso significa que la hora de llegada es una ventana, no una cita. Una entrada anunciada para la mañana puede llegar por la tarde o al día siguiente, y si el andén se programó justo, el contenedor espera o desplaza a otro camión que sí llegó a su hora. Los días feriados, la saturación de las terminales y los bloqueos en las vías alargan la ventana todavía más.
Cuándo conviene el transporte intermodal y cuándo no
- Conviene: carga pesada o voluminosa, en contenedor, con volumen constante en la misma ruta
- Conviene: importación que ya llega en contenedor a puerto y va a un destino lejano en el interior
- Conviene: mercancía que tiene inventario de seguridad y no depende de un día exacto de llegada
- No conviene: pedidos urgentes o con fecha comprometida con el cliente final
- No conviene: carga suelta o de volumen chico, que no llena un contenedor
- No conviene: destinos lejos de una terminal, donde el camión de los extremos se come el ahorro
La decisión casi nunca es de todo o nada. Lo que funciona es combinar: mover por tren el reabasto regular, que se puede planear con semanas de anticipación, y dejar el camión para lo urgente, lo que se atrasó o lo que llega en volumen chico.
Hay un efecto que se nota en el almacén aunque nadie lo decida ahí: cuando un cliente pasa su reabasto al tren, sube su inventario de seguridad para cubrir la llegada imprecisa. Eso es más mercancía guardada, más posiciones ocupadas y, bien cobrado, más ingreso por almacenaje. Conviene preguntarlo antes de que llegue el primer contenedor, no descubrirlo cuando falta espacio.
Qué cambia en el almacén que recibe carga intermodal
La recepción de un contenedor intermodal se parece a la de cualquier contenedor, pero la planeación cambia. Conviene que el cliente anuncie la entrada con lo que trae el contenedor y con la ventana estimada, y que esa estimación se actualice conforme el contenedor avanza. Sin ese aviso, el almacén se entera cuando el camión ya está en la puerta.
También cambia el cobro. Las demoras del contenedor en terminal o en patio las paga alguien, y conviene que el contrato diga quién cubre la espera cuando el retraso no es del almacén. Lo mismo con la descarga de un contenedor con cajas a piso, que requiere más gente y más tiempo que bajar tarimas de un camión caja.
El contenedor vacío también cuenta. Hay que devolverlo a la terminal o al patio de la naviera en el plazo acordado, y un contenedor que se queda en el andén porque nadie lo descargó a tiempo genera cargos que, otra vez, alguien tiene que pagar. Conviene que la descarga de contenedores intermodales tenga su propia prioridad en la programación del andén.
Y cambia la comunicación. El cliente que mandó el contenedor quiere saber cuándo llegó, qué se recibió y si hubo diferencias, sin tener que llamar para preguntarlo. Con una llegada imprecisa, esa pregunta se hace más veces, no menos.
Que el cliente anuncie sus contenedores con su contenido y su ventana de llegada, y que vea cuándo se recibieron y con qué diferencias sin llamar al almacén, es lo que resuelve un portal de clientes para 3PL en México; con carga intermodal, esa visibilidad compensa la llegada imprecisa.
Si un cliente te propone recibir por tren, pregúntale primero con cuánta anticipación va a avisar cada contenedor. De esa respuesta depende cómo programar el andén.