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¿Qué debe incluir un contrato de servicios logísticos?

· 5 min de lectura

Un contrato de servicios logísticos suele detallar la tarifa y despachar en un párrafo lo que después genera todas las discusiones: la responsabilidad sobre la mercancía, de quién son los datos y qué pasa el día que el cliente se va.

Muchos operadores arrancan una cuenta con una cotización aceptada por correo y un contrato de servicios logísticos genérico que nadie volvió a abrir. Mientras todo sale bien no pasa nada. El documento aparece cuando hay una diferencia de inventario, un reclamo por un daño o una salida que se complica.

Lo interesante es que casi nunca falla la parte comercial: la tarifa suele estar bien detallada. Lo que falta es todo lo demás, que es justo lo que se discute cuando la relación se tensa.

Alcance: qué entra en la tarifa y qué se cobra aparte

El primer punto de fricción es el trabajo que no se cotizó porque nadie lo imaginó. Reetiquetar un lote, armar un kit para una promoción, recibir una entrada sin aviso, atender una auditoría del cliente en el almacén o preparar un pedido especial fuera del horario habitual.

No hace falta anticipar cada caso; sí hace falta decir cómo se resuelve uno nuevo. Un párrafo que diga que todo servicio no listado se cotiza antes de ejecutarse evita la conversación más incómoda de todas, que es cobrar algo después de haberlo hecho.

Responsabilidad sobre la mercancía

La mercancía es del cliente y está bajo tu custodia, y esa frase necesita traducción operativa. Qué pasa con un daño ocurrido en maniobra, con una diferencia detectada en un conteo, con una caducidad que venció en tu piso o con un faltante que aparece meses después en una auditoría.

Aquí conviene ser explícito con dos cosas: con qué valor se repone la mercancía —costo, precio de venta o valor declarado— y qué evidencia hace fe para determinar qué había. Sin eso, cada incidente se negocia desde cero y el resultado depende de quién tenga más paciencia.

El contrato no se escribe para el día que todo funciona. Se escribe para el día que alguien tiene que decidir quién asume una diferencia, y conviene que esa decisión ya esté tomada.

Las cláusulas que un contrato de servicios logísticos suele dejar fuera

Si se comparan varios contratos del sector, los huecos se repiten. Son cinco, y todos tienen que ver con información más que con mercancía:

  • De quién son los datos de la operación y en qué formato se entregan si el cliente los pide
  • Qué información puede consultar el cliente por su cuenta y con qué nivel de detalle
  • Cómo se resuelven las diferencias de inventario y qué conteo hace fe
  • Qué reportes se entregan y con qué periodicidad acordada
  • En qué condiciones se revisa el tarifario y con cuánta anticipación se avisa

El primero sorprende a mucha gente. El histórico de movimientos de una cuenta es información del dueño de la mercancía, y si no está dicho quién puede exportarlo, cuando alguien lo pida la respuesta va a improvisarse en el peor momento posible.

La cláusula de salida

Ninguna relación comercial dura para siempre y la salida es la parte que menos se escribe. Vale la pena definir cómo se avisa, quién coordina el retiro de la mercancía, quién paga las maniobras de carga, qué pasa con el inventario en tránsito y qué se hace con los pedidos ya recibidos que aún no salen.

Escribirlo tiene un efecto que suena contraintuitivo: da confianza para firmar. Un cliente que sabe cómo se iría entra con menos miedo, y un operador que definió la salida no tiene que retener información para conservar una cuenta —que es la peor forma de retener a alguien y la que termina con el cliente hablando mal de ti—.

Lo que ningún contrato arregla

Un contrato completo evita discusiones grandes y ocasionales. No hace nada contra el desgaste diario, que es lo que de verdad termina las relaciones: el correo preguntando cuánto inventario queda, la llamada por un pedido, el reporte que se pide cada semana y el cargo que hay que explicar renglón por renglón.

Ese desgaste no se resuelve con cláusulas sino con acceso. Cuando el cliente puede ver por sí mismo su inventario, sus pedidos y sus cargos, el contrato queda para lo excepcional y la relación se sostiene en la operación, no en la negociación.

Cómo revisar el que ya tienes firmado

No hace falta rehacer todo. Un repaso rápido basta: leer el contrato vigente de tu cuenta más grande y marcar cada punto de esta lista que no aparezca. Lo que quede marcado es tu inventario de riesgos, y no todos valen la pena arreglarse hoy.

El momento natural para corregirlo es cuando toca renovar o cuando la cuenta crece y se renegocia el tarifario. Llegar a esa conversación con los huecos identificados cambia el tono: dejas de responder a lo que el cliente pide y empiezas a proponer cómo va a funcionar la relación.

Que el cliente consulte su inventario, sus pedidos y sus cargos sin pedírtelos por correo es exactamente lo que resuelve un portal de clientes para 3PL en México.

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