palletto
Blog

3PL

Rentabilidad por cliente: cómo saber si una cuenta te sigue dejando margen

· 5 min de lectura

La rentabilidad por cliente casi nunca se calcula porque la mitad del dato no existe: el ingreso está en la factura y el costo está repartido entre gente, espacio y fletes que nadie asignó a nadie.

Todo operador logístico sabe cuánto factura cada cuenta. Muy pocos saben cuánto les cuesta cada cuenta, y esa asimetría explica una escena conocida: el mes cerró con más ingresos que el anterior y con menos dinero en la cuenta bancaria.

El promedio no ayuda a verlo. Un almacén con margen sano en el total puede estar sosteniendo dos cuentas que pierden dinero, financiadas por tres que rinden bien.

Los costos que faltan al calcular la rentabilidad por cliente

El ingreso es fácil: es lo que le facturaste. El costo hay que armarlo, y estas son las piezas que casi siempre se quedan fuera:

  • El espacio que de verdad ocupó, no el que contrató: la mercancía que se desbordó a otro pasillo también ocupa
  • Las horas de piso que consumió, que dependen de sus movimientos y no de sus tarimas
  • Los materiales de empaque, sobre todo cuando pide caja propia o embalaje especial
  • El flete real contra el flete cobrado, con los cargos que llegaron después
  • Los reprocesos: devoluciones, reetiquetados, pedidos rehechos, mercancía que llegó mal identificada
  • El tiempo de atención: llamadas, correos y reportes armados a mano para esa cuenta

La última es la que más distorsiona y la que nunca se mide. Hay clientes que consumen media jornada semanal de la persona más cara del equipo, y ese costo no aparece en ninguna línea del tarifario.

Una cuenta no se vuelve mala de golpe. Se vuelve mala renglón por renglón, en cargos que nadie asignó a nadie.

El cliente que crece sin crecer

El patrón más común es éste: una cuenta que entró con tarifario de almacenaje —espacio y poco movimiento— y con el tiempo se llenó de pedidos chicos. Sigue ocupando lo mismo, sigue pagando lo mismo, y consume el triple de horas que hace un año.

Desde la hoja de ingresos parece un cliente estable. Desde el piso es el que trae ocupado a medio turno. Sin costo por cuenta, esas dos versiones nunca se encuentran, y quien tiene razón es el piso.

Lo que hace falta para calcularlo

No hace falta un sistema de costos elaborado. Hace falta que cada movimiento del almacén quede asociado a su dueño: cada entrada, cada surtido, cada empaque, cada devolución, cada maniobra especial. Con eso, repartir un costo mensual entre cuentas deja de ser una estimación y se vuelve una división.

Si los movimientos no traen dueño, cualquier reparto termina hecho por tarimas o por facturación, que son justo las dos variables que esconden el problema: la cuenta que menos espacio ocupa y menos factura puede ser la que más trabajo consume.

Cada cuánto revisarlo

Una vez al año es tarde. Lo razonable es mirarlo cada mes de forma rápida —ingreso contra movimientos y espacio— y a fondo cada trimestre, cuando ya hay tendencia y no ruido de un mes raro.

Conviene mirar también la dirección, no solo el nivel. Una cuenta con margen ajustado que viene mejorando no es el mismo caso que una cuenta con margen bueno que lleva seis meses cayendo. La segunda es la que hay que atender, aunque hoy todavía se vea bien.

Qué hacer con una cuenta que ya no rinde

Dejarla ir es la última opción y casi nunca la mejor. Antes hay tres caminos: ajustar el tarifario a lo que de verdad se está operando, cambiar la forma de operarla para que cueste menos, o mover a esa cuenta al esquema que le corresponde según cómo evolucionó.

La conversación se sostiene sola cuando hay datos. No es «subimos precios»: es mostrar que hace un año eran tantos movimientos y hoy son otros, con el detalle a la vista. Un cliente discute un aumento; casi nadie discute un desglose de lo que pidió.

Y la que sí rinde

El ejercicio tiene un lado que se aprovecha poco. Saber cuáles cuentas rinden bien te dice a qué perfil de prospecto conviene ir, qué mercancía sabes operar barato y qué esquema de cobro te está funcionando de verdad.

Es información de venta, no solo de finanzas. Un operador que sabe cuál es su cliente rentable deja de cotizarle a todo el que llama, que es la forma más rápida de llenar un almacén de cuentas que no dejan nada.

También cambia cómo se cotiza. Con el histórico de una cuenta parecida a la vista, una propuesta deja de armarse sobre supuestos —tantas tarimas, tantos pedidos al mes— y se arma sobre cómo se comportó de verdad un cliente del mismo perfil. Es la diferencia entre estimar un costo y conocerlo.

Que cada movimiento quede asentado con su dueño y que el cliente vea el detalle que originó cada cargo —para que un ajuste de tarifario sea una conversación con datos y no una pelea— es de las cosas que sostiene un portal de clientes para 3PL en México.

Ve el WMS con la marca de tu 3PL

Media hora, en vivo, con tu operación en mente. Sin presentación de ventas: entramos al sistema y lo ves funcionar.