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Almacenaje

Cómo decidir cuántos montacargas necesita tu almacén y de qué tipo

· 5 min de lectura

Los montacargas se suman por costumbre: uno más cuando la fila del andén se hace larga. La decisión sale mejor con el trabajo medido —cuántos movimientos hay, a qué hora se juntan y a qué altura— que con la sensación del día ocupado.

En casi todo almacén de terceros el equipo de piso creció por reacción: entró una cuenta que llegaba en tarimas completas, el andén se hizo lento, alguien rentó una unidad más y ahí se quedó. Después nadie sabe si los montacargas que hay son los que la operación necesita, porque nunca se midió el trabajo.

Vale la pena separar dos preguntas que suelen ir juntas y se contestan distinto: cuántas unidades hacen falta —un problema de volumen y de horarios— y de qué tipo —un problema de la nave, de la altura del rack y del ancho del pasillo. Confundirlas lleva a comprar potencia que no cabe o equipo que no alcanza.

Qué trabajo hacen de verdad los montacargas de un almacén

Antes de contar unidades conviene listar los movimientos, porque cada uno pide algo distinto:

  • Descargar y cargar en el andén, que es trabajo a ras de piso y contra reloj del transporte
  • Acomodar en altura lo que llegó, que es el movimiento más lento y el que más pasillo necesita
  • Reabastecer la zona de surtido desde la reserva, que se repite todo el día y nadie cronometra
  • Mover tarimas entre zonas: cuarentena, devoluciones, espacio dedicado de una cuenta
  • Armar el embarque en el área de preparación, juntando tarimas de varios dueños
  • Los conteos y las maniobras de inventario, que caen a la hora peor

Ese listado ya explica buena parte de los problemas de equipo. Un almacén puede tener unidades suficientes y aun así tener el andén detenido, porque todas están ocupadas en altura justo cuando llega el camión. No falta equipo: falta reparto del trabajo en el día.

Cómo se mide si faltan montacargas o falta orden

La medición no necesita nada especial. Los movimientos ya están registrados: cuántos se hicieron por tipo, a qué hora y cuánto tiempo pasó entre que se pidió uno y se completó. Con eso aparece lo único que hay que ver, la curva del día.

  • Si el trabajo se apila en dos horas y el resto del turno queda flojo, el problema es de citas y secuencia
  • Si el trabajo está parejo todo el turno y aun así se acumula, ahí sí falta equipo o falta operador
  • Si el tiempo de espera crece solo en los días de recibo, lo que hay que mover es el calendario de entradas
  • Si crece en los días de embarque, el cuello está en el área de preparación, no en el pasillo
  • Si una sola cuenta genera casi todo el movimiento del pico, es una conversación comercial, no una compra

La distinción importa porque el equipo es la respuesta más cara y no siempre la correcta. Mover la hora de una entrada, cambiar el orden del reabasto o dividir el surtido en oleadas cuesta una junta; una unidad más cuesta cada mes y trae operador, mantenimiento y carga.

Antes de sumar una unidad conviene saber si el trabajo del día está mal repartido: eso se arregla en una junta y no en una renta.

Qué tipo de montacargas pide cada zona

El tipo lo decide la nave, no el gusto. Una unidad contrabalanceada se mueve bien en el andén y en el patio, aguanta rampa y piso irregular, y es la que casi siempre se tiene primero. Para la altura y el pasillo angosto el trabajo es de un equipo retráctil, que alcanza los niveles altos sin el pasillo ancho que la primera necesita para girar.

Abajo de eso está el trabajo que se resuelve con transpaleta eléctrica y con apiladores: mover tarimas a ras de piso, alimentar la mesa de empaque, acomodar en los primeros niveles. Es el equipo que más se subestima, porque libera a las unidades grandes de los viajes cortos.

  • Altura del último nivel del rack, que descarta equipo antes que cualquier otro dato
  • Ancho del pasillo con la carga girando, medido en la nave y no en el plano
  • Peso de la tarima más pesada que se maneja, no el promedio
  • Tipo de piso, y si hay que salir al patio o subir rampa
  • Si se trabaja en cámara o en frío, que cambia la batería y la protección del equipo
  • Cuántos operadores certificados hay por turno, que suele ser el límite real de todo

Y hay un detalle que tumba cuentas bien hechas: la carga. Una unidad sin batería es una unidad que no existe, así que el conteo va sobre las horas que de verdad puede trabajar en el turno, con su lugar de carga y su rotación de baterías resueltos.

Comprar, rentar o convivir con el pico

Para el trabajo diario conviene equipo propio: se amortiza y se cuida distinto. Para el pico de temporada casi siempre es mejor la renta: el volumen que lo justifica dura unas semanas y comprarlo deja una unidad parada el resto del año. Lo que no funciona es pasar la temporada con lo que hay y descubrir en enero que el costo fue el sobretiempo.

El sistema ayuda a que la decisión no se tome de memoria: puede señalar las horas en las que los movimientos se apilan, las cuentas cuyo movimiento viene creciendo y los días en que la espera del andén se sale de lo normal. Con esa lista, quien decide si se renta, se compra o se reparte distinto el día es una persona.

Que cada movimiento del piso quede registrado con su hora, su cuenta y quién lo hizo, y que el trabajo que genera cada dueño en la misma nave se pueda separar y mirar aparte, es lo que se le pide a un software WMS para 3PL en México antes de decidir si lo que falta es equipo o es reparto.

La revisión que más rinde toma un par de días: sacar los movimientos de la última temporada por hora, ponerlos junto a las horas disponibles de cada unidad y ver dónde se cruzan las curvas. Casi siempre aparece una hora del día que concentra el problema, y se arregla antes de firmar nada.

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