palletto
Blog

Almacenaje

Cómo controlar la cadena de frío en un almacén de terceros

· 5 min de lectura

La cadena de frío no se rompe en la cámara: se rompe en el andén, en la espera y en el traslado. Qué registrar en cada tramo y qué acordar con el dueño de la mercancía antes de recibir el primer pallet refrigerado.

Guardar producto refrigerado o congelado para un tercero cambia la conversación del almacenaje. La cadena de frío no es un servicio que se agrega rentando una cámara: es una condición que hay que poder demostrar en cada tramo, desde que la unidad se abre en el andén hasta que la caja sube al vehículo que la lleva al cliente final.

Y es un servicio que se paga mejor precisamente porque exige más: más equipo, más disciplina y, sobre todo, más registro. El operador que puede enseñar qué temperatura tuvo la mercancía en cada momento está en otra categoría comercial que el que sólo puede jurar que la cámara estaba encendida.

La cadena de frío se rompe en los tramos, no en la cámara

La cámara suele ser lo más confiable de la operación: tiene termostato, alarma y alguien la revisa. Los incidentes ocurren en los espacios intermedios —la tarima que se queda en el andén mientras se termina de descargar, el pedido armado que espera al transportista en un pasillo templado, la caja que se abre para verificar contenido y se vuelve a cerrar veinte minutos después—.

Por eso el control no puede ser un único dato al día. Lo que sirve es medir en los puntos donde la mercancía cambia de manos o de lugar, que son exactamente los momentos en los que hoy nadie apunta nada.

Qué registrar en cada tramo

El registro de la cadena de frío no tiene que ser complicado; tiene que ser consistente y quedar pegado al movimiento, no en una libreta aparte:

  • Temperatura de la unidad al abrir la puerta, antes de bajar la primera tarima
  • Temperatura del producto en la recepción, tomada como se haya acordado y no a criterio de quien descarga
  • Cuánto tiempo estuvo la mercancía fuera de la cámara, en la entrada y en la salida
  • Temperatura de la cámara o el área donde quedó acomodada, con revisiones a hora fija
  • Temperatura al cargar y condición del vehículo que se lleva el producto

Cinco datos por movimiento parecen muchos hasta que llega el primer reclamo. Sin ellos, la discusión sobre quién dejó que el producto se calentara no tiene manera de resolverse y termina resolviéndose por relación comercial.

La cadena de frío no se demuestra con el equipo instalado: se demuestra con el registro de los ratos en que el producto estuvo fuera de él.

La cadena de frío y la caducidad no son el mismo control

Conviene no confundirlos, porque se administran distinto. La caducidad es un dato del lote que se decide al recibir y gobierna el orden de salida; la cadena de frío es una condición continua que puede echar a perder producto que todavía tiene meses de vida útil por delante.

Un almacén que controla caducidades y no controla temperatura puede estar surtiendo, con toda la disciplina del mundo, el lote más viejo de un producto que ya no sirve. Los dos controles se necesitan al mismo tiempo y sobre el mismo lote.

Qué se acuerda antes de recibir el primer pallet

Antes de aceptar mercancía refrigerada hay una conversación que evita casi todos los conflictos posteriores: cuál es el rango aceptable para ese producto, qué se hace si llega fuera de rango —se rechaza, se recibe bajo reserva, se dictamina—, quién autoriza esa decisión y en cuánto tiempo, y qué pasa con el producto que se separa mientras se decide.

También conviene definir dónde se queda ese producto. Una zona de cuarentena refrigerada suena a lujo hasta el día en que hay que retener veinte tarimas y la única opción es dejarlas en la cámara buena, mezcladas con lo que sí se puede surtir.

El registro sirve si alguien lo mira el mismo día

Un historial que sólo se consulta cuando hay reclamo es un archivo, no un control. La lectura fuera de rango tiene que llegarle a una persona mientras todavía se puede hacer algo: cerrar la puerta que quedó abierta, meter la tarima que se quedó en el andén, llamar al técnico antes de que la cámara pase la noche subiendo.

Eso obliga a decidir dos cosas aburridas y necesarias: cada cuánto se toma la lectura y a quién le llega cuando se sale del rango, con nombre propio y con un segundo nombre para el turno de la noche. Sin destinatario, la alerta existe y no sirve; con destinatario pero sin rango acordado por producto, suena tantas veces que el equipo deja de mirarla.

Lo que el dueño de la mercancía va a pedirte

Tarde o temprano llega la solicitud: el historial de temperatura de un lote específico, o de todo lo que se le entregó a un destino que reclamó. Si esa información vive en formatos del equipo de refrigeración por un lado y en tu registro de movimientos por otro, armar la respuesta toma días y se ve como lo que es: una reconstrucción.

Cuando las lecturas quedan asentadas contra el lote y la ubicación, la respuesta es una consulta. Y esa capacidad de responder rápido, con el detalle a la vista, es la que decide si te confían la siguiente cuenta con producto sensible o si prefieren un operador especializado.

Que la temperatura, el lote, la caducidad y la ubicación cuelguen del mismo movimiento —y no de tres registros que alguien tiene que cruzar a mano— es parte de lo que hoy se le pide a un software WMS para 3PL en México.

Ve el WMS con la marca de tu 3PL

Media hora, en vivo, con tu operación en mente. Sin presentación de ventas: entramos al sistema y lo ves funcionar.