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Cómo controlar el material de empaque para no quedarte a media temporada

· 5 min de lectura

Las cajas, la cinta y el relleno no son de nadie, así que nadie los cuenta hasta que faltan. Tratar el material de empaque como inventario —con saldo, consumo y punto de reorden— evita parar el empaque el día de más pedidos.

El almacén cuenta el inventario del cliente hasta la última pieza y no cuenta las cajas con las que lo manda. El material de empaque —cajas, cinta, relleno, bolsas, etiquetas— vive en un rincón, lo repone quien se acuerda, y el día que falta se resuelve mandando a alguien a comprar. Eso funciona once meses del año y falla justo en el que no debía.

La razón por la que se descuida es entendible: cada pieza vale poco y no es de ningún cliente, así que no aparece en ningún reporte. Pero se consume en proporción directa a los pedidos, es decir, se acaba más rápido exactamente cuando más se necesita, y su falta no retrasa un pedido: detiene la mesa completa.

Tratar el material de empaque como inventario

La solución no tiene misterio y sí tiene disciplina: darle de alta como cualquier otro artículo, con su clave, su ubicación y su saldo. A partir de ahí se puede saber cuánto hay sin ir a mirar, cuánto se gastó el mes pasado y cuánto falta para que se acabe. Vale la pena separar por lo menos estas familias, porque se consumen a ritmos muy distintos:

  • Cajas por medida: cada una con su propio consumo, porque la chica se acaba diez veces más rápido que la grande
  • Relleno y protección: papel, burbuja, esquineros, lo que se gasta por volumen y no por pedido
  • Cinta, fleje y consumible de cierre: barato, invisible y el que más seguido detiene la mesa
  • Etiquetas y ribbon de impresora: se acaban a mitad de una corrida y casi nunca hay repuesto cerca
  • Material dedicado de un cliente: cajas impresas, bolsas con su marca, insertos de campaña, que no se pueden usar con nadie más

La última familia es la que más problemas da, porque es material que el cliente pagó o mandó hacer y que el almacén custodia. Si se mezcla con el genérico y se usa en otra cuenta, no es un error de inventario: es una conversación incómoda con dos clientes.

Descontar al empacar, no al reponer

El saldo solo sirve si baja cuando se usa. Y aquí hay una decisión práctica: contar caja por caja en la mesa es inviable, pero la mayoría de las operaciones ya saben qué caja se usó en cada pedido, porque la elige el sistema al calcular el empaque. Con ese dato, el consumo se descuenta solo y sin que nadie capture nada.

Si el consumo del empaque se calcula con los pedidos que salieron, el saldo se mantiene solo. Si depende de que alguien avise, solo existe el día que se acaba.

Para lo que no se puede rastrear por pedido —cinta, papel, fleje— basta con conteos periódicos cortos, en la misma vuelta del conteo cíclico del inventario. No hace falta exactitud de pieza: hace falta saber con cuántos días de consumo se cuenta, que es una pregunta mucho más fácil de contestar.

El punto de reorden se calcula con los pedidos, no con el calendario

Reponer cuando se ve bajo el anaquel es la manera más cara de hacerlo, porque obliga a comprar de urgencia y a precio de urgencia. Lo que funciona es una cuenta sencilla: cuánto se consume por pedido, cuántos pedidos se esperan y cuánto tarda el proveedor en entregar. Con esos tres números sale cuándo hay que pedir, y es una cuenta que se puede rehacer cada semana en temporada.

El pronóstico del cliente entra justo aquí. Si una cuenta avisa que va a correr una campaña, el efecto en el material de empaque es inmediato y casi siempre se calcula tarde. Conviene preguntarlo en la misma conversación en que se pregunta el volumen: qué caja va a usar, si lleva inserto, si cambia el empaque para la campaña.

Lo que se ahorra sin apretarle al proveedor

Antes de negociar precio conviene mirar el uso. Los almacenes que revisan su consumo suelen encontrar lo mismo: se está usando una caja más grande de la necesaria porque la correcta se acabó, o porque el catálogo de cajas tiene huecos y la mesa resuelve con lo que hay. Eso se paga dos veces, en cartón y en peso volumétrico del envío, y se corrige sin comprar nada.

El sistema puede señalar qué medidas se están acabando antes de tiempo, qué consumible no va a alcanzar al ritmo de los últimos pedidos y en qué cuentas se está empacando con caja distinta a la que le corresponde; qué se compra, a quién y en qué cantidad lo decide quien lleva las compras del almacén.

Que la caja de cada pedido salga de un catálogo con medidas reales y que ese mismo dato alimente el consumo del empaque, en vez de vivir en una hoja aparte, es parte de lo que se le pide a un software WMS para fulfillment y e-commerce cuando el almacén empaca todos los días.

La prueba para saber si esto ya cuesta dinero es corta: revisar cuántas veces en los últimos meses alguien salió a comprar material de empaque de emergencia y cuántas veces la mesa se detuvo esperando. Si el número no es cero, el material no está fallando por falta de proveedor: está fallando porque nadie lo está contando.

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