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¿Cómo preparar el almacén para una preventa o un lanzamiento?

· 5 min de lectura

Una preventa acumula durante semanas pedidos de producto que todavía no está en el piso y después pide que todos salgan el mismo día. Es el escenario que más rápido descompone a un almacén que el resto del año opera sin problemas.

Tu cliente anuncia que abre una preventa. Durante tres semanas va a vender algo que todavía está en un contenedor, y el día que llegue la mercancía quiere que salga todo junto. Para el almacén eso no es un pico de volumen: es una forma distinta de operar, porque por primera vez hay cientos de pedidos vivos sin una sola pieza en el piso para cubrirlos.

Casi todo lo que suele salir mal en una preventa se decide antes de que se venda la primera unidad, en una conversación que nadie tuvo. Cuando el producto llega y hay que resolver a las once de la noche qué pedido se surte primero, ya es tarde para acordar nada.

Qué tiene de distinto una preventa

Un pedido normal entra, se surte y se va. Aquí el pedido se queda esperando, a veces semanas, y mientras tanto todo lo que lo rodea puede cambiar: el cliente modifica su dirección, se arrepiente, el embarque se atrasa, la cantidad que llega no es la que se prometió. La lista de cosas que hay que sostener durante la espera es larga:

  • Pedidos pagados que no tienen inventario detrás y no pueden surtirse todavía
  • Una fecha en la que todos quieren salir a la vez, sin escalonamiento natural
  • Producto que llega en uno o dos embarques grandes y hay que recibir completo antes de poder mover nada
  • Cambios de dirección y cancelaciones acumulados durante la espera
  • Empaque o inserto especial de lanzamiento que se pidió aparte y llega por su lado

El cuarto es el que más trabajo silencioso genera. En una preventa larga, una parte de las direcciones ya no sirve el día del envío, y descubrirlo al momento de generar las guías convierte un día de embarque en dos días de correos.

Qué acordar con el cliente antes de que abra la venta

Hay cuatro cosas que conviene dejar escritas, porque las cuatro se van a necesitar: cuánto se puede vender —o sea, cuántas piezas vienen en camino de verdad—, qué pasa si el embarque se atrasa, si un pedido incompleto se manda parcial o espera, y en qué orden se surte cuando llegue menos producto del prometido. Ese último punto es el que nadie quiere tocar y el que siempre se ocupa.

El orden de surtido en una preventa es una decisión comercial, no logística. Por fecha de compra es lo más defendible ante el comprador; por zona de envío sale más barato; por tamaño de pedido despacha más rápido. Cualquiera funciona mientras la haya elegido el dueño de la marca antes, y no el almacén a media noche.

Una preventa no se cae por falta de manos. Se cae porque el día que llega el producto hay que tomar decisiones que debieron tomarse tres semanas antes.

Cómo se prepara el piso

La recepción del embarque de lanzamiento no es una recepción cualquiera: es la única puerta por la que va a pasar todo lo vendido. Conviene programarla con gente asignada, contarla completa antes de liberarla y no mezclarla con la operación del día. Si el producto entra a medias y alguien empieza a surtir con la mitad contada, el resto de la semana se va en cuadrar diferencias.

Dos cosas más ahorran horas el día del envío. La primera es etiquetar y armar el empaque especial mientras el producto todavía está en la zona de recepción, no cuando ya está guardado en la reserva. La segunda es apartar una zona de preparación con espacio de sobra: un lanzamiento con empaque de regalo ocupa varias veces el espacio de la misma cantidad de pedidos normales, y la falta de mesa es lo que frena la línea.

Hay un detalle que se pasa por alto y arruina lanzamientos: durante la preventa, ese mismo cliente sigue vendiendo sus otros productos. Si el inventario que llega para el lanzamiento entra al disponible general, cualquier pedido normal puede llevárselo, y quien compró en preventa se queda esperando lo que ya estaba pagado. Lo que llega para una preventa tiene dueño desde antes de llegar, y tiene que quedar apartado desde la recepción.

Qué resuelve el sistema y qué resuelve una persona

Un sistema que sabe qué está apartado para quién es lo que sostiene la espera. Cada pedido de preventa queda ligado a la mercancía que viene en camino, el inventario en tránsito se ve por separado del disponible, y cuando el embarque entra, la liberación es una acción, no un trabajo de escritorio. El sistema puede además señalar los pedidos que quedaron sin cubrir y los que traen una dirección que rebotó, para que alguien los revise antes del día del envío.

Lo que decide el sistema termina ahí. A quién se le avisa que su pedido se atrasa, si se manda parcial, si se ofrece cambiar el producto, es de la marca; el almacén ejecuta lo que se acordó y deja registrado qué salió y cuándo.

Manejar pedidos que existen antes que el inventario, verlos apartados contra lo que viene en camino y liberarlos completos el día del lanzamiento es lo que separa a un software WMS para fulfillment y e-commerce de un control que solo sabe restar lo que ya está en el piso.

Y vale la pena cerrar la preventa con una revisión corta: cuántos pedidos salieron el primer día, cuántos se quedaron y por qué. Casi siempre la causa se repite entre lanzamientos del mismo cliente, y anotarla es lo que hace que el siguiente sea un día de trabajo intenso en vez de una noche larga.

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