Una llanta guardada mal se deforma, se agrieta o envejece antes de rodar. Cómo almacenar llantas según vengan con rin o sin él, qué las daña dentro de la nave y por qué salen por fecha de fabricación y no por fecha de entrada.
Una llanta parece el producto más resistente del almacén: no se rompe si se cae, no se moja por dentro y aguanta peso. Por eso se guarda de cualquier forma, y ahí empieza el problema. Almacenar llantas mal no las rompe en un día: las deforma, las agrieta o las envejece en silencio, y el daño aparece cuando ya están montadas en un vehículo.
Para un almacén de terceros que recibe la cuenta de un distribuidor o de una tienda en línea de llantas, esto importa doble: la mercancía es del cliente, y una llanta que sale deformada es un reclamo que no se discute.
Cómo almacenar llantas sin rin y con rin
La regla cambia según la llanta venga sola o montada, porque lo que la deforma es el peso mal repartido.
- Llantas sin rin: de pie, una junto a otra, en racks con soportes que no las dejen rodar. Conviene girarlas de vez en cuando para que el peso no cargue siempre sobre el mismo punto
- Llantas sin rin apiladas: se acepta por poco tiempo y en pilas bajas, con la de abajo revisada, porque es la que carga a todas las demás
- Llantas con rin: acostadas en pilas bajas o colgadas del rin, nunca de pie por largos periodos, porque el peso del rin se apoya siempre en la misma parte
- Nunca colgar una llanta sin rin de un gancho: la marca del gancho se queda
Los racks para llantas existen justamente para esto: cunas o travesaños que las sostienen de pie, con espacio para sacarlas sin mover las de al lado. Un rack de tarima común sirve, pero exige más cuidado al acomodarlas.
Tampoco conviene meter una llanta adentro de otra para ahorrar espacio, ni recargar objetos pesados sobre una pila. Lo que se gana en metros se pierde en llantas que salen con el costado marcado, y ese daño no se nota hasta que alguien la monta.
Almacenar llantas lejos de lo que las envejece
El hule envejece aunque la llanta no ruede. Lo que acelera ese envejecimiento está, casi siempre, dentro de la nave:
- La luz del sol directa, que entra por ventanas, láminas traslúcidas o puertas abiertas
- El calor: zonas junto al techo, pegadas a muros que dan al poniente o cerca de equipos que calientan
- El ozono que producen motores eléctricos, cargadores de baterías y transformadores
- Aceites, combustibles, solventes y químicos de limpieza, que atacan el hule por contacto o por vapores
- La humedad que se queda en el interior de la llanta cuando se guarda mojada
La zona correcta es fresca, seca, oscura y lejos del cuarto de carga de montacargas. Parece mucho pedir; en la práctica suele resolverse eligiendo bien el pasillo.
Si la llanta llega mojada, conviene secarla antes de acomodarla, y si llega en una tarima emplayada, revisar que el plástico no haya guardado humedad durante el viaje. Son dos minutos en la recepción que evitan un problema que aparece meses después.
Una llanta no caduca en la etiqueta, pero sí en el hule. Por eso sale por fecha de fabricación, no por fecha de llegada.
Al almacenar llantas, la fecha que manda es la de fabricación
Cada llanta trae grabada en el costado la semana y el año en que se fabricó. Esa fecha es la que el comprador revisa, y una llanta con varios años de fabricada es difícil de vender como nueva aunque nunca haya salido del almacén. Por eso el orden de salida no puede ser simplemente el de entrada: dos embarques que llegan el mismo mes pueden traer llantas fabricadas con mucha distancia entre sí.
Lo que funciona es registrar la fecha de fabricación al recibir, como si fuera un lote, y surtir primero lo más viejo. Así el almacén puede avisarle al cliente qué medidas se están quedando atrás antes de que se vuelvan difíciles de vender.
Conviene acordar también con el cliente qué antigüedad acepta para un pedido: hay compradores, como las flotillas, que piden llantas de fabricación reciente y rechazan una entrega que no cumple. Si esa condición no está escrita, el almacén la descubre cuando el pedido regresa.
Almacenar llantas por medida sin confundirlas
Dos llantas de medidas casi iguales se ven idénticas en el rack. La diferencia está en una cifra del costado que nadie lee de lejos. Conviene que cada ubicación tenga una sola medida, marca y modelo, que la etiqueta de la ubicación diga la medida en grande y que el surtido se confirme leyendo el código, no reconociendo la llanta a ojo.
El empaque de salida también cuenta. Una llanta viaja sin caja, así que la etiqueta de envío se pega directo en la banda o se sujeta con una funda, y las paqueterías tienen reglas propias para aceptarlas. Conviene preguntarlas antes de prometerle a una tienda en línea que sus llantas salen por paquetería como cualquier otro pedido.
Que cada posición del rack tenga su medida registrada, que la recepción capture la fecha de fabricación como lote, que el surtido saque primero lo más antiguo y que las llantas de cada cliente queden separadas aunque compartan pasillo es parte de lo que resuelve un software WMS para 3PL en México; el rack correcto evita la deformación, el registro correcto evita la llanta vieja.
Si ya guardas llantas, el primer paso es recorrer la zona con dos preguntas: cuáles están apoyadas siempre en el mismo punto y cuáles reciben sol o calor en alguna hora del día. Ahí empieza el reacomodo.