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Almacenaje

¿Quién paga la merma en un almacén de terceros?

· 5 min de lectura

La merma de mercancía ajena no es un ajuste contable: es una conversación con el dueño. Y se sostiene distinto según lo que hayas registrado el día que ocurrió.

La merma es la mercancía que se pierde, se daña, caduca o desaparece sin haber salido en un pedido. En un almacén propio es un número que se ajusta y se absorbe; en un almacén de terceros es una pieza que no es tuya y de la que alguien va a preguntar dónde quedó.

Esa diferencia lo cambia todo. El problema deja de ser cuánto se mermó y pasa a ser si puedes explicar qué ocurrió, cuándo y quién estaba operando. Sin eso, la discusión no es sobre inventario: es sobre credibilidad, y ahí no hay número que gane.

Qué cuenta como merma y qué es apenas una diferencia

Vale la pena separarlas porque se resuelven distinto. La merma es producto que ya no puede venderse: roto, mojado, caducado, contaminado. La diferencia de inventario es producto que el sistema dice que está y no aparece —o al revés—, y muchas veces no se perdió nada: se registró mal, se acomodó en otra ubicación o se surtió de donde no era.

Tratar toda diferencia como merma es la manera más rápida de esconder un proceso roto. El faltante se ajusta, la cuenta cuadra, y la causa sigue ahí produciendo faltantes el mes que entra.

Ajustar el número cierra el reporte. Encontrar la causa es lo único que evita el siguiente ajuste.

De dónde sale la merma en un almacén

Las familias son pocas y conviene tenerlas nombradas, porque cada una se atiende en un momento distinto de la operación:

  • Daño en maniobra: montacargas, estiba mal armada, caída durante el acomodo
  • Daño que llegó con el embarque y que nadie documentó en el andén
  • Caducidad vencida por surtir sin respetar la fecha
  • Producto degradado por condiciones: humedad, temperatura, plagas
  • Faltante sin causa aparente, donde caben tanto el error de captura como lo que nadie quiere nombrar

La segunda y la última son las que definen la conversación con el dueño. Un daño documentado en la recepción no es tu merma: es un reclamo al transportista. Ese mismo daño descubierto tres semanas después es tuyo, aunque no lo hayas causado. Y un faltante sin causa es el peor lugar donde puede terminar una investigación, porque deja abierta la sospecha sin resolverla.

Lo que dice el contrato y lo que sostiene el registro

Casi todo contrato de almacenaje define un porcentaje tolerado de merma, quién responde por arriba de ese límite y cómo se valúa la pieza perdida. Es la parte fácil, y es la que suele estar escrita.

Lo que casi nunca está escrito es cómo se comprueba. Un límite de merma sin un registro que lo sustente se convierte, en la práctica, en la palabra de tu equipo contra la del cliente. Y quien no tiene el dato pierde, no porque tenga la razón en contra, sino porque no puede mostrar nada.

La que se previene y la que solo se documenta

Hay una parte que se ataca con proceso: rotar por fecha para que nada caduque en el rack, confirmar ubicación en cada movimiento para que nada se pierda de vista, revisar en el andén antes de dar la entrada, separar en cuarentena lo que llega dudoso.

Y hay otra parte que no se previene, solo se administra. El producto frágil se va a dañar de vez en cuando y una operación con volumen va a tener incidentes. Para ésa lo único que sirve es que cada evento tenga fecha, ubicación, responsable y evidencia desde el momento en que se detectó, no desde el momento en que alguien preguntó.

El dictamen es una decisión, no un ajuste

Cuando aparece producto dañado, alguien decide qué se hace con él: se destruye, se separa para que el dueño lo revise, se devuelve o se marca como no vendible y se conserva. Esa decisión es del dueño de la mercancía, no del almacén, y sin embargo se toma todos los días en el piso porque hay que liberar el espacio.

Lo mínimo es que la pieza quede bloqueada del surtido en el momento en que se detecta y que el ajuste no pueda hacerse en silencio. Un inventario donde cualquiera corrige un número sin dejar rastro no tiene manera de distinguir entre una merma, un error de captura y algo peor.

Cómo se le avisa al dueño

Enterarse al cierre de mes, en un correo con un total, es la peor versión posible: llega tarde, sin detalle, y obliga al cliente a confiar en una cifra que no puede rastrear. El aviso útil es el que sale cuando ocurrió, con la fotografía, la ubicación y el lote.

Ahí la merma deja de ser un problema de inventario y se vuelve uno de comunicación. Un operador que reporta sus incidentes el mismo día, con evidencia, discute porcentajes; el que los reporta en bloque a fin de mes discute su propia palabra.

Que cada ajuste llegue con su fecha, su evidencia y su ubicación a la pantalla donde el dueño de la mercancía lo revisa por su cuenta es justo el trabajo de un portal de clientes para 3PL en México.

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