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Empaque personalizado: qué definir antes de la campaña de tu cliente

· 5 min de lectura

El empaque personalizado se acuerda por correo y se rompe en la mesa de empaque: insumos que se acaban, pedidos que no debían llevarlo y maniobras que nadie cobró. Qué dejar definido antes de la primera campaña.

Tarde o temprano un cliente pide empaque personalizado: su caja impresa, papel de relleno con su color, una tarjeta dentro, un sticker de cierre, un obsequio para pedidos que pasen cierto monto. Es una buena noticia comercial y una fuente de errores operativos, porque el acuerdo se cierra por correo y se ejecuta en la mesa de empaque.

El patrón se repite: la campaña arranca bien, a la semana alguien empaca sin la tarjeta, al mes se acaban los stickers un jueves por la tarde y nadie sabe a quién avisarle. Nada de eso es un problema de voluntad del equipo; es un problema de qué quedó definido antes de empezar.

El empaque personalizado es inventario, no material de oficina

La primera decisión, y la que arregla la mitad de los problemas, es tratar cada insumo como un producto más del cliente: con su propio código, su existencia, su ubicación y su descuento automático cuando se usa. Cajas impresas, tarjetas, calcomanías y obsequios incluidos.

Cuando viven fuera del sistema —en un rincón junto a la mesa, contados a ojo— pasan las dos cosas de siempre: se acaban sin aviso y nadie puede decir cuántos se consumieron ni en qué pedidos. Con existencia y descuento, el aviso llega antes de que se acaben y el consumo cuadra contra los pedidos que salieron.

Qué dejar por escrito antes de la primera campaña

El acuerdo se rompe en los bordes, no en el caso normal. Conviene resolver por adelantado:

  • A qué pedidos aplica: todos, sólo los de un canal, sólo los que superen cierto número de piezas, sólo durante un rango de fechas
  • Quién surte los insumos y con cuánta anticipación avisa que va a mandar más
  • Qué hacer cuando el insumo se agota: el pedido sale sin él, o el pedido espera
  • Si el insumo se puede sustituir por el genérico y quién autoriza esa sustitución
  • Cómo se cobra la maniobra adicional y si se cobra por pedido o por pieza personalizada
  • Qué pasa con el sobrante al final de la campaña: se guarda, se devuelve o se desecha

Son seis preguntas y ninguna es difícil. Lo caro es contestarlas en caliente, un viernes, con pedidos detenidos en la mesa y el cliente esperando respuesta en el teléfono.

El empaque personalizado no falla en la campaña: falla el día en que se acaba el insumo y nadie había definido qué hacer.

La regla tiene que llegarle al que empaca

Una instrucción que vive en el correo del ejecutivo de cuenta no existe para la operación. Lo que sí funciona es que el propio pedido traiga la indicación cuando toca: que en la pantalla de empaque aparezca qué caja usar, qué insumos van dentro y en qué orden, y que si el pedido no califica no aparezca nada.

Esa diferencia es la que evita el error inverso, que se comenta menos y molesta igual: pedidos que salen con el empaque de campaña cuando no debían, consumiendo un insumo limitado en clientes que no eran el objetivo.

Tratarlo como inventario tiene además un efecto en la relación con el cliente: el consumo de sus insumos deja de ser una estimación y pasa a ser una cuenta. Cuántas cajas impresas mandó, cuántas se usaron, en qué pedidos y cuántas quedan es información suya, y saberla le sirve para decidir cuándo reponer sin preguntarle a nadie.

Cuándo conviene no personalizar

No todos los pedidos ganan lo mismo con el tratamiento. Un envío que se manda en su propia caja de fábrica, uno que va a un centro de distribución de cadena o uno que el cliente ya sabe que es un reemplazo por garantía suelen no necesitarlo, y gastar el insumo ahí lo deja fuera cuando llega el pedido que sí importa.

Esa conversación conviene tenerla al mismo tiempo que la de la campaña, y no después: si el cliente define desde el principio qué pedidos quedan fuera, la regla se escribe una vez y el equipo deja de decidirlo caso por caso en la mesa, que es donde se decide mal y con prisa.

Lo que le cuesta a la mesa

Personalizar toma más tiempo por pedido: hay que armar la caja impresa, acomodar el relleno, escribir o pegar la tarjeta y cerrar de otra manera. Ese tiempo existe aunque nadie lo mida, y sale del mismo turno que tiene que sacar el resto de los pedidos del día.

Conviene entonces mirar dos cosas antes de comprometerse: cuántos pedidos por día van a llevar el tratamiento y si van a compartir mesa con la operación normal o conviene armarles una estación aparte durante la campaña. Y conviene decirlo en la cotización, porque una maniobra que no se cobró sigue costando.

Que la regla de empaque viaje con el pedido hasta la mesa, que los insumos descuenten como cualquier existencia y que la maniobra quede asentada para cobrarla es de las cosas que separan una hoja de instrucciones de un software WMS para fulfillment y e-commerce.

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