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Cómo conectar el WMS con el ERP de tu cliente sin capturar dos veces

· 5 min de lectura

Conectar el WMS con el ERP de tu cliente suena a proyecto de sistemas y casi siempre arranca como un archivo que alguien manda por correo. La diferencia entre las dos cosas se paga todos los días.

Un ERP lleva las compras, la contabilidad y la facturación de una empresa. Un WMS lleva el piso: en qué ubicación está cada pieza, quién la movió, con qué lote salió y a qué hora. Los dos hablan de la misma mercancía desde lados opuestos, y el problema empieza cuando ninguno se entera de lo que hizo el otro.

En un operador logístico el asunto se multiplica, porque el ERP no es tuyo. Es de cada cliente, y son distintos entre sí: uno trae un sistema conocido, otro uno hecho a la medida hace doce años y otro una hoja de cálculo compartida. Conectarte no es un proyecto, son tantos proyectos como cuentas tengas.

Qué datos viajan al conectar el WMS con el ERP

Antes de discutir tecnología conviene escribir la lista, porque casi siempre es más corta de lo que parece:

  • El catálogo: claves, descripciones, unidades de manejo y si el producto lleva lote, caducidad o serie
  • Las entradas esperadas: qué va a llegar, de quién y con qué documento
  • Los pedidos de salida: qué hay que surtir, para quién y con qué prioridad
  • La confirmación de lo surtido: qué salió de verdad, en qué cantidad, con qué número de rastreo
  • Los ajustes de inventario, con su motivo
  • Los cargos del periodo, para que el cliente los concilie contra tu factura

Las seis se pueden mover a mano. De hecho así arrancan casi todas las cuentas, y no está mal como puente. Lo que está mal es que el puente se vuelva permanente sin que nadie lo decida.

Nadie firma un contrato para capturar pedidos a mano. Simplemente un día alguien empezó a hacerlo mientras se resolvía la integración, y la integración nunca se resolvió.

Las tres formas de conectar, de peor a mejor

La primera es el archivo por correo: el cliente manda su relación de pedidos y alguien de tu equipo la sube. Funciona con volumen bajo y se rompe con el primer día ocupado, porque el archivo llega tarde, llega con otro formato o llega dos veces.

La segunda es el archivo automático: el mismo archivo, pero depositado en un lugar acordado y levantado por el sistema sin que nadie lo toque. Quita la captura y deja el retraso: entre que el pedido nace y entra a tu piso pasa lo que tarde el siguiente ciclo.

La tercera es la conexión directa por API, donde el pedido entra en el momento en que se genera y la confirmación regresa en el momento en que se surte. Es la única que sostiene una hora de corte apretada, porque no hay ventana de espera entre los dos sistemas.

Quién manda sobre cada dato

La pregunta que evita la mitad de los conflictos es ésta: para cada dato, cuál de los dos sistemas dice la verdad. El catálogo casi siempre es del ERP —el cliente da de alta sus productos— y el WMS lo recibe. El inventario físico es al revés: lo que hay en el piso lo sabe el almacén, y el ERP tiene que aceptarlo.

Cuando eso no se define, los dos sistemas empiezan a corregirse mutuamente. El almacén ajusta una existencia, el ERP la vuelve a mandar con el número viejo, alguien ajusta otra vez, y en dos semanas nadie sabe cuál de las dos cifras se cargó al final. Ese es el escenario que termina en un inventario físico completo y una junta incómoda.

Lo que se rompe cuando el catálogo no coincide

La falla más común de una integración no es técnica: es que el mismo producto se llama distinto de cada lado. El ERP del cliente lo tiene con su clave interna, el canal de venta con otra, y tu almacén con la que le puso quien lo recibió el primer día.

Mientras no haya una equivalencia clara, cada pedido que entra con una clave desconocida se queda detenido esperando a que alguien decida qué es. Y ese alguien suele ser la persona con más experiencia de tu equipo, resolviendo a mano lo que debería resolver una tabla.

Qué preguntar antes de prometer una integración

Cuando un prospecto pregunta si te puedes conectar a su sistema, la respuesta honesta empieza por tres preguntas. ¿Su sistema tiene forma de exponer y recibir datos, o solo pantallas? ¿Quién de su lado va a hacer el trabajo y con qué disponibilidad? ¿Qué pasa mientras tanto, y por cuánto tiempo se acepta el puente manual?

La tercera es la que casi nunca se hace, y es la que decide si la cuenta arranca o se queda en la sala de espera. Conviene aceptarla por escrito: puente manual mientras dure la conexión, con un volumen acordado y un cargo que refleje el trabajo, para que nadie descubra en el tercer mes que está capturando gratis.

El trabajo invisible que se está pagando

Una captura toma poco tiempo. Ese es exactamente el problema: como cada una toma poco, nunca aparece en la conversación de costos, y sin embargo crece al ritmo del éxito de tu cliente. Mientras más vende, más capturas tú, y el cargo por ese trabajo no está en ningún renglón del tarifario.

A eso hay que sumarle lo que la captura trae de regalo: el pedido que se tecleó con una cantidad de más, la dirección que quedó incompleta, el pedido duplicado del archivo que se subió dos veces. Cada uno de esos errores se paga después, en el almacén o en el flete, y siempre cuesta más que el minuto que ahorró.

Que el catálogo, los pedidos, la confirmación de salida y los cargos entren y salgan solos, con las reglas de cada cliente conviviendo en el mismo piso, es justo lo que se le pide a un WMS marca blanca con IA para 3PL en México.

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